Biodanza

Arcilla, humilde trozo de vida

Entrando a tientas en la arcilla, como un ciego en el comienzo del mundo, palpando las entrañas húmedas de toda flor, el escultor revela un sueño. Las formas se aglomeran en el pantano de los primeros gestos un ser monstruoso genera un ángel. El animal secreto surge del caos y el anatema es el propio cuerpo. Los dedos presionan la consistencia crean el aire la trasparencia, duran la gravedad. La caricia es rescatada del caos eterno. Una belleza desenfrenada muestra su entraña, por primera vez.

(de Rolando Toro para el escultor Dorli Signor)

Uno mis queridos maestros, Eduardo Bustelo, el intelectual sanjuanino más inteligente y noble que conocí, tenía la experiencia de sostener su grandeza en la humildad Era esplendoroso compartir charlas con él. Conocía tantos países como libros y gozaba de una apertura intelectual visionaria. En esos años, mientras yo cumplía un cuarto de siglo, él escribía “El recreo de la infancia”. En aquellas conversaciones en las que lo colmaba de preguntas existenciales, Eduardo respondía con una curiosa certeza: “Después de los 40 comprenderás la vida y ya no te harás tantas preguntas. Solo querrás tener tiempo de jugar” Yo no entendía la mística respuesta pero me conformaba escucharlo. Eduardo murió a los 69 años, quizá vivo mucho pero yo hubiese querido visitarlo más. El supo crear su vida como se moldea la arcilla. Bustelo consideraba que durante la cuarta década, las personas obtenemos cierta sabiduría para unificar criterios, teorías, creencias con las experiencias que surgen en nuestra historia personal, de manera de que al integrarlas en post de un aprendizaje para la vida, nos hicieran recuperar la inocencia que perdemos en la etapa adulta por las formas sociales en las que recibimos la educación.

En la casa de campo de mi nonita Carmen, donde viví durante la infancia, los calurosos veranos eran sinónimo de andar descalzo, bañarse en la sequía, subirse al ciruelo para escribir historias, cosechar frutos, jugar a pisar las uvas para hacer vino con el nono Juan, bailar entre las flores silvestres y hacer artesanías con barro. Esas, y tantas más, cosas que deje de frecuentar cuando empecé a trabajar y a las que irónicamente volvía para moldear mi vida, para crear otra forma, upara darle un significado mis pausas, para curarme del estrés laboral.

Cuando terminé la formación de biodanza deseaba acudir al llamado de la arcilla, linea de profundización que Rolando Toro denomina “sondaje a lo desconocido”, del inconsciente a la conciencia iluminada, del que hay muy poco material y facilitarla con la maestría de aquellos recuerdos de mi niñez embarrada pues no solo ya soy una señora de cuarenta sino que comprendí la vida.

En esta esta oportunidad traigo a la escritura, mi vivencia de conexión barro-danza para que te animes a atravesar una experiencia de íntasis el próximo verano.

El ritual humano

Desde la antigüedad, tanto personas como animales han usado el barro para cubrir su cuerpo como ritual de limpieza y purificación. Actualmente, pueblos nativos de África y América sostienen la conexión sagrada con la naturaleza y emplean el uso del barro de manera ceremonial para tratar dolencias, invocar protección, abundancia y conectar con los espíritus. Desde la antropología, se sabe que el humano de todos los tiempos ha sabido aprovechar el beneficio de la arcilla en el cuidado de la piel y la fabricación de utensilios de cocina, construcción y objetos de poder.

La arcilla se origina a partir de la descomposición y erosión de rocas ricas en feldespato ( especies minerales de diversos colores que forman parte de rocas ígneas, como el granito) y por la acción de factores naturales como el agua, hielo y el viento. Este proceso alquímico transforma la roca madre en partículas finas y plásticas, ricas en silicatos hidratados de aluminio, con sodio, potasio, calcio, y pequeñas cantidades de magnesio y hierro. Minerales necesarios para el cuidad de la salud.

La danza que también tiene un marco ritual unida al contacto manual con la arcilla nos sumerge lentamente en la profundidad del vinculo sagrado con lo primordial. Biodanza en Arcilla, creada por el sacerdote y facilitador brasileño Dorli Signor, es una propuesta de expresión profunda para habitar la humildad y dejar salir el flujo interno de las experiencias de vida. El contacto con una masa tangible, de agua y tierra tiene un potente efecto terapéutico capaz de crear infinitas formas, tanto estéticas como aquellas con sentido. Además de posibilitarnos a crear nuevas experiencias a partir de lo que se rompe o termina. El barro es un material que representa, metafóricamente, lo genuino de la condición humana. En el encontramos las experiencias que nos hacen ser lo que somos y en la capacidad de volver a moldear lo que deseamos porque, como dice el filósofo español, Jorge Larrosa, “la experiencia es lo que nos pasa, lo que nos sucede, lo que nos toca. Todo aquello que nos atraviesa y modifica”. La arcilla tiene la virtud de la grandeza que habita en la humildad. La sabiduría del silencio y la inmensidad que habita en el desierto. El barro rescata la inocencia que guardamos bajo corazas existenciales rehabilitando el íntasis de nuestra identidad, el regreso a lo simple y la apertura al placer. Sumergirse en el barro sana, repara y rehabilita a la posibilidad de renacer.

Entre los beneficios para el cuerpo de los baños de arcilla está la relajación del sistema nervioso central. La inmersión total en el barro puede aliviar dolores, reducir la inflamación en zonas afectadas por artritis, reumatismo, afecciones de garganta y problemas musculares, por sus propiedades antinflamatorias y analgésicas. También tiene acción mineralizante, absorbente y poder para neutralizar la acidez mejorando cicatrización y la salud de la piel.

El taller de biodanza en arcilla lo facilito en formato de retiro vivencial durante el verano, en tierras sanjuaninas, a orillas del Rio de los Patos y bajo la protección divina de la Cordillera de los Andes, con dinámicas afectivas de radicalización e inmersión en una pileta de arcilla para personas que ya practican biodanza. Una gran posibilidad de conectar con la cenestesia corporal y aprovechar las propiedades medicinales de la arcilla.

Gratitud a mis maestros, ancestros agricultores conectados con la tierra y a mi madre jardinera, por permitirme el barro en la infancia para renacer, desde lo más genuino, como adulta.

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